Irradiaba sus últimos reflejos,

Ya transponía la cristiana gente

Los cerros fronterizos. Á lo lejos

Les vió desde sus torres impaciente

El árabe Monarca, cuyos viejos

Mas perspicaces ojos todavía

Penetran la confusa lejanía.

El brillo de las lanzas castellanas

Apenas se sumió en el horizonte,

Y apenas, embozada en sus livianas