Como el agua y el aire susurrando!
¡Ay del poeta que su fe no canta
Y la gloria del pueblo en que ha nacido,
Enronqueciendo en vano su garganta!
¡Mariposa y no abeja!—Tal ha sido
La causa que, tenaz, de esta obra mía
En el asiduo afán me ha sostenido.
Cambia con mi razón mi poesía,
Y á la luz de la fe recapacito
Que he sido mariposa hasta este día.