Saeteros!» exclamó.

Atravesado de flechas

Hincó Arias una rodilla

Gritando «¡Cristo y Castilla

Por los Arias!» Y espiró.

Cortáronle la cabeza,

Y en el arzón delantero

La ató un negro de Baeza

Por trofeo de valor.

Tal fué el fin desventurado