Abú-l'Kazín entonces, en sombrío

Silencio y con feroz torvo semblante,

La estancia registró con vigilante

Y prolija atención. «Es deber mío,»

Dijo al fin, dirigiendo á la Sultana

Una mirada donde el odio brilla,

Y añadió: «Nuestro Rey llega mañana

Vencedor de las armas de Castilla.»

Aquí, consigo sin poder, la Mora

Díjole: «¿Son por ello esos clamores