Tu padre, Abú-l'Kazin, fué tornadizo
Y traidor á su Dios, y yo detesto
Á los hijos de padre que tal hizo.
No lo olvides jamás.—¡Oh! lo protesto.
—Déjanos, pues, en paz.—La vez postrera
Volveré nada más, cuando el severo
Rey de Granada de su ley el yugo
Imponeros me ordene.—Aguarda fuera
Sus órdenes en tanto, carcelero,
Hasta que hayas de entrar como verdugo.»