La Sultana y el Príncipe, afanosos,

En tal ocupación las ayudaron,

Y de esta ocupación con los curiosos

Incidentes, que alegre la tornaron,

Del alma de Abdilá los temerosos

Tristes presentimientos se ahuyentaron:

Y rebosaba en gozo y osadía

Cuando el largo cordón se concluía.

Á poco un risueñor en la enramada

Los tres largos silbidos de su trino