Una daga cortó junto á los nudos

El lienzo, á hombros tomáronle, y huyeron.

Los brazos de las Moras, á tan rudos

Esfuerzos no hechos, libres se sintieron

De repente del peso, y la Sultana

Se echó con ansiedad á la ventana.

Miró, escuchó, sin voz, sin movimiento,

Parando en su atención hasta el latido

Del corazón y el curso del aliento:

Pero ni gente, ni señal, ni ruido