Dijo: y, á una señal, franqueza dando

Las esclavas al lienzo, por la obscura

Región del aire, suelto, fué bajando

El Príncipe Abdilá: justa pavura

Le acongojó cuándo se vió colgando

Sobre la inmensa tenebrosa hondura;

Vaciló su cerebro y, los antojos

Del miedo por no ver, cerró los ojos.

Un momento después cuatro forzudos

Brazos en las tinieblas de él asieron: