Las puertas sin cerrar de su aposento,
Duerme del pueblo la Señora hermosa,
Reina querida, respetada esposa.
Allá, las salas del alcázar moro
Pueblan las inquietudes y traiciones,
La voz de la discordia, el són del lloro,
El terror y las lúgubres visiones;
Aquí, de bien y de placer tesoro,
Sólo abrigan los regios artesones
El casto amor, la plácida esperanza,