Introduce en el fondo de su pecho:

Y con su álito puro y perfumado,

Cual del Edén con los aromas hecho,

Aleja los espíritus malignos

Y los delirios de su sueño indignos.

Es Azaël: en su rosada mano

De la alma fe la antorcha centellea:

Su vivífico soplo soberano

La faz risueña de Isabel orea:

Un canto, en cuyo són nada hay humano,