Su oído no, su corazón recrea:
Luz celestial su espíritu ilumina,
Y su alma ve la aparición divina.
De pacíficos ángeles un coro
El casto lecho de Isabel circunda:
Un suavísimo albor de grana y oro,
Como una aurora boreal, inunda
El aire: rumor plácido y sonoro
De harpas lejanas la quietud profunda
De la noche harmoniza, y la fragancia