Para rendirla, dijo: «¡Ay de Granada!»
Y al salir á las auras exteriores
Las harmónicas notas de su acento,
Se transformaron en fragantes flores,
Y en mariposas áureas sin cuento,
Y en pájaros de luz de mil colores
Los átomos vivientes de su aliento:
Los genios de Azäel los recogieron
Al brotar, y en el aire se perdieron.
«Partid,» dijo Isabel, sus transparentes