Sus alas de vapor, por un momento
Dejando tras de sí fosforescente
Rastro, perdióse en el azul del viento.
Despertó el Castellano de repente
La puerta oyendo abrir de su aposento,
Y presentóse en ella á Don Rodrigo
De un cristiano adalid el rostro amigo.
Es el valiente escalador Ortega,
De la guerra avezado al ejercicio,
Donde su vida cada día juega