Su propio peso hacia su fin le vence:

Y el Rey que nace de su raza el último,

Por mucho que afanoso se desvele

Por la prez y la gloria de sus pueblos,

Al fin sus pueblos y su gloria pierde.

Nínive así, Jerusalén y Roma

Fueron: y así las razas del Oriente

Que encantaron los valles de Granada

Fueron: sombra de sauce, inquieta y breve,

Aroma de jazmín que dura un día,