Al olvido robando, siento á veces

Preñárseme los párpados de lágrimas,

Viendo la abnegación de aquellos seres

Que al África partieron resignados,

Más que á su patria á su crëencia fieles;

Y cuando leo los cristianos libros

Que les tratan de bárbaros y aleves,

Digo en mi corazón: «Escrito estaba:

¡Alahú-akbar! ¡Dios grande, Tú lo quieres!»

Mas volviendo á tomar mi torpe pluma