Con candelabros de coral y de ámbar,

Y una fuente que aduerme los sentidos

Al dulce són de sus bullentes aguas.

Dios sabe la verdad; el vulgo siempre

Da formas temerosas y fantásticas

Á lo que no comprende, y esta torre

Le es en sus sueños pesadilla ingrata.

Era la última tarde de Febrero:

Ya el crepúsculo en sombra se cerraba,

De los vientos de Marzo comenzando