Guardado en un cajón de palo-rosa,
Y el talismán representaba un áspid,
El cuerpo de oro y de coral la cola.
De un candelero de oro salomónico
Encendió luego la bujía roja
El silencioso encapuchado, y dijo
Volviéndose al guerrero:—«Ya está pronta
El ara de la ciencia y arde en ella
La luz de la verdad. Ese áspid toma,
Pregúntale; divide de ese libro