Sombrean los flotantes lambrequines

De su penacho real: cuelga esplendente

Su escudo del arzón: y, hasta las crines

Embarrado, el caballo bufa ardiente

Y piafa, conociendo los confines

De los cotos rëales y la dehesa

Donde, potro, pació la hierba espesa.

«¡Alahú akbar! ¡Loor al Rey valiente!»

Gritó la multitud al divisarle,

Y aglomeróse atropelladamente