Al leer de Zahara la sangrienta historia,

Retrocedió, por Dios iluminada,

El porvenir leyendo de Granada.

Con repugnante ostentación impía,

Un gigantesco negro de Baeza,

Del pelo asida, junto al Rey traía

Del buen Arias la lívida cabeza.

Un escuadrón entero le seguía,

En cuyas lanzas con brutal fiereza

Se ostentaba sangriento igual trofeo,