Sedientos de oro y sangre ¡Aláh clemente,

Compadece á los Árabes! Escucha.

¿No oyes el repentino clamoreo

Que ensordece la villa? ¡Desdichada!

Su gente anoche se acostó tranquila,

Y en brazos de la muerte se despierta.

Mira aquel que en la torre de homenaje

De la alta ciudadela ha enarbolado

La bandera cristiana; oye cuál grita,

Agitando frenético los brazos,