Abrir mandó la cámara africana

Que sirve de prisión á la Sultana.

En sepulcral silencio, más terrible

Que la voz más furiosa, entró en la estancia,

De Comares Muley: con impasible,

Desdeñosa y sultánica arrogancia,

Serena faz y fulgurantes ojos,

Á Aixa halló que acercarse le veía

En pie y desafiando sus enojos,

Silenciosa como él, como él sombría.