La decisión horrenda se leía

En su sangriento corazón forjada,

Y el infernal placer de su alma impía

En sus trémulos labios y en el brillo

Siniestro de su lúgubre mirada.

Los negros su furor adivinando

En su ademán y rostro descompuesto,

Paso le abrieron con temor callando:

Él, en vez de palabras, empleando

Un imperioso irresistible gesto,