De su guardia de negros africanos.
Como una torva y rencorosa hiena
Que olfatea con ansia en el desierto,
Buscando el tronco del viajero muerto
Que enterró el salteador bajo la arena:
Tal el fiero Muley el zurdo paso
Enderezó á la torre de Comares,
Con el designio de manchar acaso
Con un nefando crimen sus hogares.
En su rostro, de cólera amarillo,