É imperiosa mirada de la Mora,
Á quien débil juzgó como cautiva
É insolente encontró como señora.
Miráronse un momento frente á frente
Aixa y Muley-Hasán: mas no hay quien pueda
La mirada arrostrar resplandeciente
De esta mujer, cuyo ánimo valiente
Tanta virtud como valor hospeda.
Con los brazos cruzados sobre el pecho
Preguntó al Rey impávida:—«¿Qué quieres?»