»Sin que, cual tú feroz, mi regia mano
»Meta un puñal entre tu mano y ellos.»
Dijo, y una insolente carcajada
Soltó, la espalda con desdén volviendo:
No la volvió Muley ni una mirada
Ni la escuchó tal vez, sólo atendiendo
Á la duda fatal en que vacila:
Y la Sultana, hallándola entreabierta,
Con noble majestad pasó la puerta
Y á su cámara real fuese tranquila.