Que sus guardias le estaban contemplando,

Miró á su dignidad, irguió la frente,

Y, cobrando su indómita fiereza,

Al patio se lanzó, donde llegando

Tendió la vista en derredor, ansioso

De encontrar una víctima á su saña.

En pie, junto á un pilar del peristilo,

Vió un hombre cuya cara le era extraña,

Pálido, ensangrentado, silencioso,

Y de torvo ademán, pero tranquilo.