Sonrió al divisarle, satisfecho
De hallar en quien la cólera del pecho
Descargar, y con calma aterradora
Fuese Muley á él. De pie derecho,
Contemplándole audaz, con ojo fijo,
El hombre le aguardó, y hasta él llegando
El iracundo Rey así le dijo:
—«¿Quién eres?»—«Nadie ya,» repuso el hombre.
De la ira Muley sintió la llama