Tú estas aquí; tu trono y tu morada,

Tras este cielo azul, sobre Granada.

Dame ¡oh Señor! de querubín aliento,

Porque pueda esta vida transitoria

Emplear en cantar con digno acento

En medio de este edén tu inmensa gloria:

Y al lanzar desde aquí mi voz al viento

Dando á Granada su oriental historia,

Purifique, Señor, mi arpa cristiana

El impúdico harén de una Sultana.