Y se aduermen las aguas en la hondura,
Y sin nublados resplandece el día:
Que en tus ojos la vida reverbera
Y es tu aliento, Señor, la primavera.
Y no hay región recóndita en el mundo
En donde más tu majestad se ostente,
Donde sea tu aliento mas fecundo,
Ni la tierra en tu prez mas diligente.
Señor, tú estás aquí; tú en lo profundo
Brillas aquí del corazón creyente;