De una voz melodiosa, amaestrada

En el arte divino de la música,

Y en la recitación que alas de fuego

Presta á la encantadora poesía.

Á la luz de una lámpara de plata

Colocada en un trípode de concha,

La alméh, tomando el séptimo volumen,

Comenzaba á leer los puros versos

De Abú-Taleb-Abdel-Gebar, de Júcar,

Que cantó las victorias y virtudes