Desarrugar su ceño no podían
Ni atraer su atención; guerras, encantos,
Sueños, amores, himnos de alabanza
Á su propia hermosura dirigidos,
Pasaban por su oído resbalando
Como agua por encima de las rocas:
Y sin embargo, sus lecturas eran
En los célebres libros escogidas
De los más sabios escritores, siendo
Leídas con las gratas inflexiones