Mi existencia pasar en su servicio

Mientras durara su existencia, y luego,

Admitido en la Orden, como noble

Pelear y morir en la defensa

De mi fe; Dios, empero, de otro modo

Lo dispuso, Sultana. Un día aciago,

Caminando la vuelta de Antequera,

Dió en nosotros un árabe algarada.

Viajábamos diez y ocho caballeros

Con otros tantos pajes, y los Moros