Como horribles espectros á su vista,
La helaron de terror. La sombra airada
De su ultrajado padre parecía
Que tras aquel cristiano á levantarse
Iba, y en el pavor supersticioso
De su alma criminal y en la nerviosa
Exaltación del miedo, sus miradas
Fijó en la puerta de la estancia. Ante ella,
Pálido como el mármol que sostiene
Su cincelada bóveda, sombrío