Siempre á las populares convulsiones
Que, en su postrera edad desventurada,
Estremecerse hicieron á Granada.
Hombre doquier temido y respetado
Por su severidad y por su ciencia,
De la virtud muslímica dechado,
Sincero amparador de la indigencia,
Leal consolador del desdichado,
Prosternóse la plebe en su presencia:
Y callaron ante él respetüosos