Los demás oradores sediciosos.
Tomando entonces por mimbar la fuente
Que el centro de la plaza decoraba,
Paseó sus miradas tristemente
Sobre la multitud que le cercaba;
Y con lúgubre voz, cuyo doliente
Tono en el hondo corazón vibraba,
Profética, inspirada, lastimera,
El discurso rompió de esta manera: