Sus abrasadas pupilas

No reflejan hoy tranquilas

La pura luz del placer;

Hoy la dulce paz del niño

Su sonrisa no revela,

Porque en sus labios la hiela

El dolor de la mujer.

Moraima, sí, la más triste,

La más pura de las Moras,

Pasa allí sus largas horas