En silencio y soledad.
Moraima, que de su esposo
Encadenada á la huella,
Con él de su mala estrella
Parte la fatalidad.
La hermosa Sultana, pálida
De tez, mas de alma encendida,
Es la que está distraída
En su ajimez oriental.
Sabe que Abdilá está en salvo,