Trotar al corcel se oyó.
Asomóse Aixa: el caballo
Paró en firme: cesó el ruido,
Y un ruiseñor, sorprendido
Tal vez al huir, silbó.
Sacando entonces del seno
Aixa un torzal muy delgado
Que tiene un plomillo atado
Á una punta, dijo:—va,—
Y por el balcón lanzóle