Seguía de Aixa la huella;

Cerró la puerta, y en ella

Quedóse el esclavo en pie:

Sin fijar la vista apenas

En Moraima, la Africana

En silencio á la ventana

Con paso altanero fué.

Mas no bien á su antepecho

Tocó, cuando al pie del muro,

Sobre el arrecife obscuro