Iba fin á poner á su existencia,

Y, viendo sin pavor su última hora,

De su muerte aguardaban la sentencia;

Mas Dios, que no abandona al buen cristiano,

Entre Alhama y Muley tendió su mano.

La luz de las hogueras con que invoca

Socorro el pueblo á la invasión expuesto,

De ciudad en ciudad, de roca en roca,

Se difundió por el país bien presto;

Y al resplandor que á pelear convoca,