Al peso del baldón que se la infama
Doblando, con ahogado y ronco grito
Exclamó: «¡Alahú akbar! estaba escrito.»
Entonces silencioso y cabizbajo
De sus gentes cubrió la retirada,
Rechazando por sí, no sin trabajo,
De las huestes de Ureña una avanzada.
Cuando en salvo la vió, por un atajo
Se encaminó otra vez hacia Granada,
Seguido de unos pocos caballeros