Rebosando sacrílegos enojos.
Feroz vampiro, de su carne hambriento,
Sus brazos muestra con su sangre rojos,
Y con los ojos en su sangre fijos
La sangre anhela de sus propios hijos.
Helóse de terror á su presencia
Toda la guarnición de la alcazaba:
Aixa, empero, abrasada de impaciencia,
Empuñó un arcabuz gritando brava:
«¡Muera el tirano!» Al punto con violencia