Su sér divino y su poder celeste.

Tal es, en suma, el celestial portento

Que va el Señor á obrar sobre la Sierra,

Y cuya vista vela en tal momento

El nublado á los ojos de la tierra.

La tempestad que entolda el firmamento

Es un crespón que sus espacios cierra:

Y tras aquellas fulgurantes nubes

Cantan un himno santo los Querubes.

Sobre sus alas con rumor sonoro