De su mano, con voz imperadora
Dijo Dios á Isabel: «He aquí tu día:
Parte, rayo de fe: tu empresa es mía.»
Y por el fuego de la fe abrasada,
Por la celeste mano compelida,
Los brazos Isabel tendió á Granada,
Que por sus brazos se sintió ceñida
Con angustia mortal: y al punto armada
Y con el sayo de la cruz vestida,
Aparición marcial salió á campaña