Explicó la verdad, que aun no penetra
La vista de las Moras, menos clara
Por la edad y las lágrimas en ellas.
«Tiene razón Käel, es un jinete,»
Dijo la madre al fin, sobre las cejas
Formando una pantalla con la mano
Para ver más sin que la luz la ofenda.
«Es un guerrero, sí», dijo Moraima
Á su enano Käel que la hace señas:
«Es un guerrero de Granada, dijo