Y melancólicas.
Tristes y vagas, pero no angustiosas,
Mientras relatan la fatal leyenda...
Ven: no la oigas.
Mas ¡ay! ¿quién puede interrumpir los daños
De los pesares que al mortal acosan?
Sufre y delira, vagarosa hija
De mi alma loca.
Tórtola triste que en el sauce umbrío