Y melancólicas.

Allí dormida soñarás quimeras

Tristes y vagas, pero no angustiosas,

Mientras relatan la fatal leyenda...

Ven: no la oigas.

Mas ¡ay! ¿quién puede interrumpir los daños

De los pesares que al mortal acosan?

Sufre y delira, vagarosa hija

De mi alma loca.

Tórtola triste que en el sauce umbrío