Ni mi pluma en buscárselos insiste:
La inspiración divina del poeta
No está á mortal explicación sujeta.
Yace bajo el poder de tal encanto
De Alhamar la fantástica existencia,
De aquel alcázar luminoso y santo
Debajo de la nítida apariencia.
Todavía le cubre el regio manto,
Humean todavía en su presencia
Pebetes de ámbar, y su real persona