Sobre las sendas cóncavas, movibles
Serpientes gigantescas, á la escasa
Claridad de los astros. Los enormes
Peñascos dibujaban sobre un cielo
Apenas azulado los contornos
Deformes de sus crestas, en las cuales,
Toda la noche oímos el siniestro
Graznido de los buitres, y el aullido
Temeroso del lobo, cuyos ojos
Veíamos brillar entre las matas.