Todos éramos hombres avezados

Á las escenas de la guerra; pero

Un no sé qué de pavoroso y triste

Nos encogía el ánimo en aquella

Melancólica noche, y caminábamos

En lúgubre silencio: parecía

Que iban á desplomarse los peñascos

Sobre nuestras cabezas, y queríamos

Salir cuanto antes del medroso valle.

Dimos por fin en la llanura: el alba