Comenzaba á clarear y distinguimos

Los almenados muros de Lucena.

Con los cautivos y la presa entonces

Mil peones dejando y cien jinetes,

Avanzamos, creyendo sorprenderla,

Sobre la villa. Abú-Abdil, seguido

De un escuadrón de jóvenes valientes

Y ansiosos de renombre, se metieron

Á escape por las huertas y arrabales.

Ni un sér viviente se encontraba en ellos,